Historia
La historia de las ventas y mesones donde comían los pastores
Si quieres conocer algo más sobre este tipo de establecimientos en España, esta es su historia.
Cuando hablamos de los pastores trashumantes es inevitable hacerlo también de los caminos que han recorrido por el país a lo largo de la historia. A través de ellos se desplazaban largas distancias con los rebaños y la alimentación era fundamental para recobrar las energías necesarias para ello.
Y es que a lo largo de las Cañadas Reales y de rutas de peregrinación como el Camino de Santiago, comenzaron a sucederse las ventas y mesones donde comían los pastores, así como arrieros, comerciantes y otros viajeros. Si quieres conocer algo más sobre este tipo de establecimientos en España, esta es su historia.
Origen de ventas y mesones
Para saber dónde está el origen de las ventas y mesones españoles tenemos que retrotraernos al Imperio romano. Cuando en aquella época se construyeron las calzadas romanas que establecieron la primera red de comunicación por la península ibérica, ya se instalaron a su lado mansiones, con funciones similares a lo que posteriormente serían las posadas; mutationes, para atender a los caballos y refrescar las monturas; y civitates, edificios con cuadra, almacén de forrajes y depósito de correos.
Una organización parecida se mantuvo durante los siglos siguientes, aunque este tipo de establecimientos se incrementó a lo largo del Camino de Santiago, cuando se establecieron albergues y posadas cada docena de kilómetros de recorrido. Tampoco podemos olvidar que, en la Edad Media, los vasallos tenían la obligación de prestar habitación y alimento al noble o señor feudal, por lo que este tipo de establecimientos también poseían un componente práctico para cumplir con la ley por aquel entonces.
Tabernas, ventas y mesones

Entre los siglos XI y XIII, los establecimientos más populares eran las tabernas, que se encontraban en aldeas, burgos y zonas de paso. Los albergues, hospederías y hospitales eran frecuentes a lo largo de las rutas de peregrinación. Y tanto en estas como en las antiguas vías romanas y en las vías pecuarias por las que se desplazaban los pastores trashumantes, empezaban a proliferar las ventas, los mesones y las posadas, donde se comían platos tradicionales y cocina casera.
Las ventas se levantaban a la orilla de los caminos, en zonas rurales y despobladas, mientras que las posadas se abrían en pueblos y ciudades y tenían servicios e instalaciones de mayor calidad que las ventas. Aunque los más sencillos de todos eran los mesones, que también se regentaban en áreas habitadas, como aldeas y pueblos. Por su parte, las ventas eran establecimientos modestos, con portones de gran tamaño, pozo, abrevadero para los animales, diversos patios interiores y habitaciones humildes para los que desearan pernoctar.
Precisamente a mediados del siglo XIII es cuando surge la tradición del tapeo en España. Comenzó en las ventas, donde los viajeros, pastores, correos, guías, cocheros y arrieros se detenían para tomarse un vino con algo de comer. Fue el rey Alfonso X el Sabio quien decretó la obligación de poner una tapa con el vaso de vino, normalmente de jamón. Es la época en la que se crean los mercados de ganado.
Regulaciones de ventas y mesones
Desde el siglo XIV se multiplicaron las ventas y mesones. En Madrid abrieron sus puertas el Mesón Carriaza y el Mesón Arias, y el Concejo de la Villa promulgó una ordenanza regulando los precios de taberneros y mesoneros.
Después, coincidiendo con la época de esplendor de la industria textil en torno a la lana merina y a la trashumancia, su número no dejó de crecer. Tanto fue así que los Reyes Católicos regularon la apertura y gestión de mesones y posadas en el reino. Así, decretaron reglas para su apertura, e incluso limitaron los límites de ganancia de los mesoneros a la hora de vender la cebada o la paja para los animales. Además, promulgaron dos pragmáticas para que se abrieran más ventas en los caminos de áreas despobladas, para facilitar la asistencia a los viajeros, con las que exoneraban de impuestos a los venteros.
La afluencia a estos establecimientos crecía a medida que la población aumentaba y los caminos se llenaban de nobles, carreteros, arrieros, comerciantes, quincalleros, pastores, soldados y peregrinos. Se aconsejaba que hubiera una venta cada cinco leguas de distancia, ya que estas se hallaban únicamente fuera de los pueblos o ciudades, junto a los caminos. Pero su popularidad era tal que hubo zonas en las que distaban una legua unas de otras, como en el tramo entre Adamuz y Conquista, en la provincia de Córdoba, que llegá a contar con 11 ventas en un recorrido de 10 leguas.
Recordemos que en las ventas no solo se servía bebida y comida, sino que también se ofrecía alojamiento a los viajeros. En el siglo XVIII aparecería el término fonda para referirse al mismo tipo de establecimiento.
Patrimonio histórico

Muchas de aquellas ventas dispuestas por los caminos y junto a las vías pecuarias de la península ibérica forman parte del patrimonio histórico de nuestro país. Así, las ventas de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha forman parte de la historia de las Cañadas Reales, y algunas de ellas cuentan con la consideración de Bien de Interés Cultural.
De tal modo se encuentran la venta de la Inés en Almodóvar del Campo y la venta de Borondo en Daimiel, ambas en Ciudad Real. Y puedes encontrar muchas otras ventas manchegas como la Venta de Aragoncillo, en Corduente (Guadalajara).
Ventas y mesones en la literatura
La importancia de las ventas y de los mesones era tal en la sociedad española de su tiempo, que aparecían con frecuencia perfectamente plasmadas en todo tipo de obras literarias. Aunque, sin duda, las más famosas y universales, han sido las que aparecen en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes, como la Venta de Puerto Lápice y la Venta del Alcalde o Venta de Santa Inés.
Antonio Machado también menciona una venta, la de Cidones, en uno de sus poemas de Campos de Castilla, el titulado Al maestro Azorín por su libro Castilla. Y no olvidemos la referencia a las ventas del Arcipreste de Hita en El Libro de Buen Amor o en las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer.
Si viajas a destinos como Castilla-La Mancha, no dejes de buscarlas, pues muchas de las antiguas ventas han sido restauradas y acondicionadas, de manera que puedes comer en ellas y degustar la cocina tradicional manchega emulando a los antiguos pastores y viajeros, pero con todas las comodidades actuales.